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Durante el resto del año, se dan cita en El Henar un variado elenco de gentes: andariegos que encuentran descanso en su generosa pradera; deportistas que aplacan su sed en la fuente del Cirio con resultado purificador; excursionistas ávidos de espacio para recrear sus juegos; devotos que confiesan sus inquietudes en íntima oración a la Virgen; urbanitas hartos de mutilar su visión en la colmena donde desarrollan la mayor parte de sus vidas; pintores, buscadores de atardeceres que impregnen nuevos colores a su paleta; feriantes, familias, pastores, viajeros, parejas de enamorados,…, ¡y aún hay quien no cree en los milagros!
Porque El Henar no es precisamente un lugar de paso: es un rincón que invita a aislarse del mundanal ruido, a disfrutar de vistas inigualables, a pasear entre el sello de la historia, a descubrir las tradiciones, a reencontrarse con los viejos conocidos, a evadirse en la paz y el sosiego...
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